"Mi sangre, aunque plebeya, también tiñe de rojo"

Sobre 'wachimanes' y pitucas, a propósito de la serie protagonizada por Christian Domínguez.

"Mi sangre, aunque plebeya, también tiñe de rojo"
"Mi sangre, aunque plebeya, también tiñe de rojo"

Periodista

No es sorprendente el éxito arrollador de Mi amor, el wachimán, notable teleserie de América TV. En realidad, la niña rica (Catalina) que se enamora del muchacho pobre (Salvador) es el mismo esquema de tres de las teleseries de más rating en la historia de la tele: Natacha (el joven rico Raúl y la sirvienta), Los ricos también lloran (el joven rico Luis Alberto y Mariana, la pobre) y María Mercedes (el joven rico con la vendedora ambulante de loterías, interpretada por Thalía).

Medio siglo después de Natacha, el Perú sigue igual de clasista y racista... y quizá peor. Así como antes los limeños pitucos basureaban a los wachimanes en el Club Waikiki de Miraflores, playas Waikiki y Makaha, ahora existe Asia y la discriminación es más grave. El wachimán, en la escala social limeña, es la penúltima rueda del coche.

Por eso, hace un cuarto de siglo, los americanos crearon televisivamente a los wachimanes de playa y los convirtieron en héroes: Baywatch, guardianes de la bahía. Las chicas pitucas limeñas sí se excitaban con esos baywatch extranjeros (los gringos David Hasellhoff o Jeremy Jackson) pero ni miraban a los wachis de las rejas de su cuadra. Porque no es lo mismo un desnudo griego que un cholo calato. El modelo de discriminación sigue siendo, lastimosamente, el mismo. Hoy, en la tele peruana, por ejemplo, ni en Combate ni en Esto es Guerra podría competir un joven de rasgos y cultura indígena. Negros quizás, indios jamás, dicen las ninfas.

Casos y cosas

Es precisamente esa división social la que apasiona al televidente peruano. La revista social del país, esa que dice cosas de la pituquería, entrevista y le da un gran despliegue a María Grazia Gamarra, la bella Catalina. Por qué no entrevista también a Christian Domínguez? En una de sus portadas, esa publicación puso a la estupenda Denisse Dibós con su pareja, el cubano Eduardo Pastrana. Y por que no a Waldir Sáenz en la carátula o también a Johany Vegas? No son participantes del mismo programa, ni son peruanos ni tienen cosas que decir?

Por esa misma razón, el más grande compositor peruano, Felipe Pinglo Alva, levantó su voz de protesta con su vals El Plebeyo en 1930, cuando las reglas sociales impidieron sus amoríos con una gringuita de sangre italiana. "Ella de noble cuna y yo, humilde plebeyo. No es distinta la sangre ni es otro el corazón", gemía el compositor, en nombre de todos los wachimanes y obreros de este país que, a la fuerza, quiere ser gringo.

De Yungay a Christian

La propia palabra, wachimán, del inglés watchmen, es una muestra de esa discriminación solapada nacional hacia lo socialmente inferior. Si un wachimán habla perfectamente inglés, provoca risa o asombro en ese círculo social. De allí el famoso spot televisivo peruano del wachimán que atendía a una rubia quien le decía "I want you guy" ("Te deseo") y el wachimán entendió "Yungay". Fue el primer wachimán famoso de la tele... pero nadie sabe cómo se llamó el pobre actor. Lo que no ocurre hoy con Christian Domínguez, un tecnocumbiambero que, de la noche a la mañana, se ha convertido en el héroe mediático de la pantalla local... y vestido de wachimán.


Juan Ochoa López

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