Daysi nos muestra su casa y asegura que no la construyó con "sudor de su cuerpo"

Periodista

El mundo de las lentejuelas está que quema, pues varias de las más rankeadas vedettes locales son señaladas como trabajadoras sexuales. Los dardos caen a diestra y siniestra, todas juran haber recibido ofertas pero niegan rotundamente haberse doblado ante la tentación del dinero fácil. Daysi Araujo fue señalada de haber levantado su vivienda en San Juan de Lurigancho gracias a su 'dobleteo': las lentejuelas y la prostitución. En exclusiva para Ajá, la pelirroja abre la puertas de su residencia y cuenta su verdad, ladrillo tras ladrillo. Una casita decente. Daysi posee un inmueble de tres pisos, valorizado en aproximadamente 80 mil dólares. Si bien no vive entre lujos, su casita es la más acomodada dentro su barrio en SJL. El primer piso lo tiene alquilado y es una fuente fija de ingresos. En el segundo tiene su habitación principal, que cuenta con una amplia cama al lado de la cual guarda las decenas de peluches que sus fans le han regalado. Al costado hay un escritorio en el que analiza con calma sus contratos. El tercer piso, cuenta, lo construyó gracias a un préstamo bancario y alcanzó para la salita, el comedor y la cocina. Detrás se encuentra el cuarto de Lenin Mauricio, su hijo de 8 años. En ese mismo ambiente cuenta con una máquina de coser, "algunas vecinas vienen y me dejan sus ropitas para arreglarlas, lo tomo como un cachuelito", revela. De la chacra a la pampa. A los 12 años dejó su natal Cajamarca para llegar a Chiclayo, donde le ofrecieron trabajar en Lima por tan solo 80 luquitas al mes. "Pasé de las chacras de Querocotillo al pampón que en ese momento era San Juan de Lurigancho". Ya en la capital, a los 15 años, trabajó de panadera y de costurera, "empecé despachando en una panadería y cuando podía cutreaba el vuelto para ahorrar. Luego pasé a trabajar con Ricardo Chiroque y sus jeans 'Apache'. Con el tiempo participé en un concurso de Jeanet Barboza y me volví bailarina". Con el sudor de mi frente. Al inicio su casa tenía solo un piso y no pagaba ni luz para guardar un sencillo. Con un préstamo bancario construyó lo demás. "No levanté esta casa en cuatro años, como dice Elvira Palomino, son mas de 15 años de ahorrar. Al mundo de las lentejuelas entré en octubre del 2007. En el barrio todos me conocen, puedes preguntar, yo no me prostituyo. Todo lo conseguí con el esfuerzo de años en distintos trabajos". Clavará a colegas. "Gladys Trocones y Elvira Palomino (sus acusadoras) eran mis amigas desde hace algunos años, pero ahora sé que siempre me hablaron hipócritamente. Elvira hasta me invitó a su departamento de Jesús María, frente al Campo de Marte, que le regaló Óscar Becerra, el directivo de Panamericana. Voy a denunciarlas por manchar mi honor y mi nombre. No sé aun cuánto pediré, mi abogado ya está viendo eso y pronto sabrán de mí", acota la pelirroja al borde de las lágrimas.

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